jueves 23 de octubre de 2008

Jules y Jim... y Catherine

Caminando en la noche parisina, Jules, Jim y Catherine


Jules:

En la pareja, lo importante es la fidelidad de la mujer. La del hombre es secundaria.

¿Y quién escribió…“la mujer es natural, por tanto abominable”?


Jim:

Boudelaire, pero hablaba de mujeres de un mundo determinado, de una sociedad determinada.


Jules:

No, eso no. Hablaba de la mujer en general.

Lo que dijo de la joven es magnífico:

“Esperpento, monstruo, asesino del arte, pobre necia, pobre desgraciada.

La mayor imbecilidad unida a la mayor depravación”.

Un momento, aún no he terminado. Y esto es admirable.

“Siempre me ha extrañado que dejen entrar a las mujeres en la iglesia.

¿Qué tipo de conversación pueden tener con Dios?”


Catherine:

Son un par de idiotas


Jim:

Yo no he dicho nada y no apruebo lo que dice Jules a las dos de la madrugada


Catherine:

Entonces proteste


Jim:

Yo protesto


Catherine se lanza al río Sena



martes 15 de julio de 2008

Más quE exTRAño


(Cuarta entrega de un auténtico relato de terror. Al estimado lect@r
una advertencia: ¡cuídese! A usted también le podría ocurrir)



Etapa V



Ahora que estoy despierto o, por lo menos creo estarlo gracias a la convicción de que este texto es real y mañana seguirá existiendo, estoy seguro de que un mal espíritu me atacó y aunque el miedo ya no me paraliza, me sigue rodeando, tanto así que sólo quiero que llegue la luz del día y tener alguien a mi lado que me acompañe. Lamentablemente, sigo solo… eso no es un sueño.

4.41 am.

Más quE exTRAño

(Cuarta entrega de un auténtico relato de terror. Al estimado lect@r
una advertencia: ¡cuídese! A usted también le podría ocurrir)
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Etapa IV

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Desayunan, peinan sus cabellos, se programan, todo sin importarles que estoy ahí, esperándolas. Todo es un mundo de actividades que me son negadas, pero que ellas realizan por mí. Todo se trata de salir al mundo, cosa que yo no puedo hacer. Sólo me queda esperarlas. De repente un espacio queda libre y lo aprovecho para contarles mis estados de sueño-vigilia trastocados, las pesadillas y el terror general que acabo de vivir.

Obviamente no hay reacción, o por lo menos no la que yo esperaba luego de tantos años estando juntos. Sigo hablándoles a mis queridas pero sordas convivientes, sigo compartiendo con ellas algo que no les importa y en ese momento miro cómo la noche le da espacio al día y el cielo comienza a tornarse azul, celeste, claro y la tristeza y la soledad son tan aplastantes que sólo queda lugar para el llanto, un llanto tan honesto y profundo que me ayuda a entenderlo todo. Esto también es un sueño y mientras creo que de mis ojos salen lágrimas mi cuerpo yace inmóvil en la cama.

Más quE exTRAño

(Primera entrega de un auténtico relato de terror. Al estimado lect@r una advertencia: ¡cuídese! A usted también le podría ocurrir)



Etapa III



Hace calor, no hay aire, realmente no hay aire porque lo que respiro es una masa y lo que habito una nube maloliente y sudante y pesada que ni en Santiago puede ser llamada aire. Cama desarmada, habitación vacía que tiene posibilidades de iluminación para espantar el miedo pero que se encuentran más allá del alcance de mi brazo. Sólo queda un cuerpo débil y controlado por el cansancio.

El primer acontecimiento es esa especie de temblor en forma de caída que los cuerpos realizan de manera refleja. Como no me ocurría hace tiempo, me parece extraño. Queda abierta la puerta para que entren las pesadillas, los malestares, la desesperación que avanza, me coloniza y me deja al borde del llanto. En mi somnífera mente pasan horas en que no puedo despertar ni dormir, soy parte de un juego que me impide reconocer los verdaderos espacios de tiempo encerrándome en una esfera que no tiene sentido, que es maldita y total.

Aparecen personas, sensaciones desagradables y asesinas que vienen y van como si no les importara mi presencia. Desagrado y desesperación. Finalmente aparece ese anciano. Recorre un auditorio repleto de gente para demostrar su talento conmigo, el privilegiado asistente. Se me acerca. Al parecer es un actor de renombre, pero eso no me tranquiliza porque sus huesos que le estiran la piel hasta dejarla lisa y casi transparente, su joroba, sus manos y dedos largos con uñas que parecen garras, su ropa que huele a armario, sus dientes perfectos y maldad intrínseca que sólo yo percibo entre toda la gente del público, me mantienen paralizado, imposibilitado de escapar, de zafarme de ese destino que, de seguro, me destruirá.

Comienza la demostración de todo su poder actoral y se ríe, a carcajadas, como si fuera cierto pero yo sé que está actuando y muy bien porque todos le creen a pesar de que, en realidad, es pura maldad. Acerca su cabeza calva a mi cara, me entierra la nariz en las mejillas y de un minuto a otro explota en llanto. Se aferra a mi, llora en mi pecho, me toca, me roza, me abraza y yo estoy al borde del vómito pero el miedo me paraliza. Toda su energía perversa me penetra, me supera y termina colmando mi cuerpo indefenso mientras el auditorio aplaude lo que parece ser el acto de magia más impresionante del mundo. Sus uñas se entierran en mis brazos y cuando toma aire para seguir llorando me mira extrañamente de reojo, aclarando que él tiene el mando de mi, él me posee completamente durante esa actuación.

Nuevamente se transforma y el cuervo ahora ríe y recibe la ovación de su impresionada audiencia. Vuelve al escenario y me deja solo, tirado como un disfraz sin dueño, un harapo, un cuerpo sin alma porque él la consumió toda. Así el demonio se repliega en su natal oscuridad y yo sigo inquieto, sin aire y sin poder despertar.

Abro los ojos, los párpados están pegados y estoy tan débil que no me puedo mover. Intento despegarme de la cama pero mis músculos no responden. igualándome a un tetrapléjico. Otra vez abro los ojos, párpados pegados, me pongo de pie pero no puedo caminar. Otra vez lo mismo y recién ahí me doy cuento de la “real”, o lo que a esta altura de la experiencia puede considerarse real, situación: estoy soñando que despierto. Cuando creo abrir los ojos en “realidad” mi cuerpo sigue inmóvil en la cama. Con esta simple pero fundamental revelación inicio la empresa de mi vida: intento despertar.

lunes 23 de junio de 2008

Más quE exTRAño

(Segunda entrega de un auténtico relato de terror. Al estimado lect@r una advertencia: ¡cuídese! A usted también le podría ocurrir)



Etapa II

Lo que podría haber sido un placentero y profundo sueño, sólo alcanzó para anhelo agresivo e intempestivamente interrumpido.

Abro los ojos a duras penas, veo luz de ampolleta, sudo, huelo, no estoy mareado, pero huelo y muy mal y mis dos convivientes, justo con las que no comparto ni pieza ni sangre, hablan y hablan algo que no entiendo. Lo que sí logro entender es que me hablan a mí y por eso me veo en la obligación moral y afectiva, porque el amor puede existir, de incorporarme a lo que parece ser una larga conversación.

Los temas sobran, mascarilla verde humectante, una duerme mientras el yo, el cuerpo, las coincidencias y el amor fluyen de las bocas al espacio intelectual compartido. Hermana no llega, conversación, diálogo y, finalmente, sueño. Es tanto el sueño que nos despedimos y cada uno, menos yo, regresa a su pieza y es aquí donde, a pesar o placer del lector, lo extraño comienza.

miércoles 11 de junio de 2008

Más quE exTRAño

(Primera entrega de un auténtico relato de terror. Al estimado lect@r una advertencia: ¡cuídese! A usted también le podría ocurrir)
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Etapa I
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Llegué al departamento con todo el ánimo del mundo, en realidad todo el ánimo que un borracho de la cerveza siente luego de unas cuantas copas de más. Pero a pesar del patetismo, llegué al departamento feliz, muy feliz y obviamente quería compartir esa felicidad con alguna de mis rameras convivientes que, por lo demás, en este último tiempo han estado más rameras que de costumbre… cada vez me contestan y se enamoran más, parece que se emanciparon como diría Julia.

Volviendo a lo de feliz. Llego al departamento y en él se encuentra Cote/Pippy pero, a diferencia de lo que ocurría antaño, no me pregunta cómo me fue ni con quién estuve inmediatamente después de que mi mano cierra la puerta, sino mucho tiempo después, cuando ya nos encontrábamos conversando en la pieza junto a Fió. Muy extraño, para mí por lo menos… como si supiera que preguntándome también se contaminará de algo.

La jornada sigue con grabación de música para nuestro (o mío a estas alturas) evento de búsqueda de identidad programado para mañana, escucha y baile de esa música, la ingesta de una insignificante pero reponedora leche con café y la instalación en el incipiente living room del nuevo hogar, todo en un ambiente, por decirlo de alguna manera, encantador y feliz.

Ahí nos instalamos, probablemente con la idea y el proyecto de que somos una familia que comparte en ese sitio sus vivencias y espera el arribo de los demás integrantes del clan con una sonrisa amplia, olvidando que, en realidad, una prefiere quedarse en casa de sus amigas, y la otra pierde el metro por quedarse cultivando lo que podría ser su próximo amor.

De todas maneras, instalados para compartir quedamos. Todo hasta que suena el teléfono, maldito teléfono. Se trata del contradictorio y, por qué no admitirlo, rupturista nuevo novio. Por supuesto que la ramera conviviente, dominada por la fantasía y esperanza del veleidoso amor, acude a contestar encerrándose en su pieza por minutos que parecen horas, dejando al patético amigo solo.

Tal fue el vacío que sólo cabe la posibilidad del sueño. Y así fue, me acosté a dormir.

La Hora Muda

La hora muda, la hora de la nada. Momento de frío y escalofríos que recorren los cuerpos de los que quedan a este lado del misterio. Personas egoístas, incapaces de cualquier gesto de conciencia, incapaces de salir de sí mismos para agradecer el momento que alivió el dolor y el sufrimiento innecesarios.

Sí son egoístas, pero no los culpo. Más bien los envidio. Los envidio porque pueden sentir, olvidarse del deber y abrazar su débil humanidad.

Se supone que el dolor acabó. En realidad, nunca se acaba, sólo se esconde de manera hipócrita y reaparece cuando ponemos un poco de atención. Lo cierto e incuestionable –aunque ni yo esté seguro de aquello- es que ella no sufre… tal vez ni siquiera exista, pero de seguro ya no sufre.

Hay que ser comprensivo aunque amerite un poco de estupidez. A veces la estupidez ayuda. Estos hijos e hijas necesitan ayuda. Hablan afuera, hablan aquí dentro, hablan entre ellos, no se escuchan, pero siguen hablando. Caminan como zombies buscando esos instantes de antaño que los hicieron felices. Pero no más. Ahora queda el llanto explosivo, incoherente y espectacular de los inconclusos seres vivientes.