Un día me dijeron que ser gay era decepcionante. Yo creo que es la zorra

viernes, 11 de mayo de 2007

¿Qué le sobra a la escuela de periodismo de la Universidad de Chile?

Frente a las muchas deficiencias que presentan las diferentes unidades, moléculas, neutrones, académicos de la Universidad de Chile, nace el punto de vista justamente contrario: qué es lo que sobra.

Sabemos qué es lo que le falta: infraestructura, más y mejores profesores, mejores alumnos (hay que decirlo), conexión con el mercado mediático del país, instrumentos tecnológicos, etc. Sin titubeos ni nerviosismo me atreveré a decir qué le sobra a la primera escuela de periodistas del país.

Justamente le sobra ese título, ese tan desgraciado título de nobleza, de relevancia que no es más que la justificación para la mediocridad que se esconde en los recuerdos de lo que fue mejor. Me imagino cómo muchos continúan confundiendo “primera” con “mejor”. Y no me digan, ustedes, egocéntricos estudiantes, que nunca han enarbolado esa bandera porque no les creo. La escuela de periodismo de “la Chile” aún flota sobre este cimiento errado.

Podrían decir que esta situación no tiene problema, que no tiene más que buenos resultados para la institución, que incluso sirve de estrategia de marketing (y gratuita). Pero, ¿no es este rótulo el que nos hace mirar a las demás escuelas de periodismo como inferiores sólo por haber nacido después? Este ensueño hace que nos atrasemos, que nos recostemos en nuestros logros pasados y que los nuevos sigan esforzándose y nosotros no.

Y esto va más allá de una competencia de mercado con las demás universidades. Las dimensiones de esta sobreestima producen veneno corrosivo: La Olga (secretaria de estudios) es lenta en su trabajo porque tiene muchas funciones, Muñoz (profesor de redacción) no actualiza su ramo porque cree que “debe” ser así, Faride (directora del instituto de la comunicación e imagen) no baja del tercer piso porque está muy ocupada en la dirección, la sala de computación no tiene computadores buenos porque no hay más plata…pero nada de esto es tan grave porque somos la primera escuela de periodismo del país.

Sobra escritura, sobra ensimismamiento, sobra arribismo, sobra flojera, sobran los profesores que no bajan a la calle, sobran los profesores que no se manifiestan políticamente con sus alumnos, sobran alumnos. Qué desastroso el panorama de esta, la primera escuela de periodismo.

Sobras, como las de los centros de comida rápida. Mal olientes y en descomposición. Apurémonos porque de lo contrario la primera pasará a ser la última.

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