Clementine nunca supo que Joel tenía miedo. Se enamoró de nuevo, olvidó sus recuerdos, se pintó el pelo y nunca supo que Joel tenía miedo. Era tan fácil como decir “tengo miedo”… Joel nunca supo que ella no supo.“Y no le hablo con las palabras que sólo han servido para no entendernos, ahora que ya es tarde empiezo a elegir otras, las de ella, las envueltas en eso que ella comprende y que no tiene nombre, auras y tensiones que crispan el aire entre dos cuerpos o llenan de polvo de oro una habitación o un verso. ¿Pero no hemos vivido así todo el tiempo, lacerándonos dulcemente? No, no hemos vivido así, ella hubiera querido pero una vez más yo volví a sentar el falso orden que disimula el caos, a fingir que me entregaba a una vida profunda de la que sólo tocaba el agua terrible con la punta del pie”
Julio Cortázar, Rayuela, Punto de Lectura S.A., 2004, Buenos Aires, p 132