La hora muda, la hora de la nada. Momento de frío y escalofríos que recorren los cuerpos de los que quedan a este lado del misterio. Personas egoístas, incapaces de cualquier gesto de conciencia, incapaces de salir de sí mismos para agradecer el momento que alivió el dolor y el sufrimiento innecesarios.
Sí son egoístas, pero no los culpo. Más bien los envidio. Los envidio porque pueden sentir, olvidarse del deber y abrazar su débil humanidad.
Se supone que el dolor acabó. En realidad, nunca se acaba, sólo se esconde de manera hipócrita y reaparece cuando ponemos un poco de atención. Lo cierto e incuestionable –aunque ni yo esté seguro de aquello- es que ella no sufre… tal vez ni siquiera exista, pero de seguro ya no sufre.
Hay que ser comprensivo aunque amerite un poco de estupidez. A veces la estupidez ayuda. Estos hijos e hijas necesitan ayuda. Hablan afuera, hablan aquí dentro, hablan entre ellos, no se escuchan, pero siguen hablando. Caminan como zombies buscando esos instantes de antaño que los hicieron felices. Pero no más. Ahora queda el llanto explosivo, incoherente y espectacular de los inconclusos seres vivientes.
Sí son egoístas, pero no los culpo. Más bien los envidio. Los envidio porque pueden sentir, olvidarse del deber y abrazar su débil humanidad.
Se supone que el dolor acabó. En realidad, nunca se acaba, sólo se esconde de manera hipócrita y reaparece cuando ponemos un poco de atención. Lo cierto e incuestionable –aunque ni yo esté seguro de aquello- es que ella no sufre… tal vez ni siquiera exista, pero de seguro ya no sufre.
Hay que ser comprensivo aunque amerite un poco de estupidez. A veces la estupidez ayuda. Estos hijos e hijas necesitan ayuda. Hablan afuera, hablan aquí dentro, hablan entre ellos, no se escuchan, pero siguen hablando. Caminan como zombies buscando esos instantes de antaño que los hicieron felices. Pero no más. Ahora queda el llanto explosivo, incoherente y espectacular de los inconclusos seres vivientes.
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