Un día me dijeron que ser gay era decepcionante. Yo creo que es la zorra

martes, 15 de julio de 2008

Más quE exTRAño

(Primera entrega de un auténtico relato de terror. Al estimado lect@r una advertencia: ¡cuídese! A usted también le podría ocurrir)



Etapa III



Hace calor, no hay aire, realmente no hay aire porque lo que respiro es una masa y lo que habito una nube maloliente y sudante y pesada que ni en Santiago puede ser llamada aire. Cama desarmada, habitación vacía que tiene posibilidades de iluminación para espantar el miedo pero que se encuentran más allá del alcance de mi brazo. Sólo queda un cuerpo débil y controlado por el cansancio.

El primer acontecimiento es esa especie de temblor en forma de caída que los cuerpos realizan de manera refleja. Como no me ocurría hace tiempo, me parece extraño. Queda abierta la puerta para que entren las pesadillas, los malestares, la desesperación que avanza, me coloniza y me deja al borde del llanto. En mi somnífera mente pasan horas en que no puedo despertar ni dormir, soy parte de un juego que me impide reconocer los verdaderos espacios de tiempo encerrándome en una esfera que no tiene sentido, que es maldita y total.

Aparecen personas, sensaciones desagradables y asesinas que vienen y van como si no les importara mi presencia. Desagrado y desesperación. Finalmente aparece ese anciano. Recorre un auditorio repleto de gente para demostrar su talento conmigo, el privilegiado asistente. Se me acerca. Al parecer es un actor de renombre, pero eso no me tranquiliza porque sus huesos que le estiran la piel hasta dejarla lisa y casi transparente, su joroba, sus manos y dedos largos con uñas que parecen garras, su ropa que huele a armario, sus dientes perfectos y maldad intrínseca que sólo yo percibo entre toda la gente del público, me mantienen paralizado, imposibilitado de escapar, de zafarme de ese destino que, de seguro, me destruirá.

Comienza la demostración de todo su poder actoral y se ríe, a carcajadas, como si fuera cierto pero yo sé que está actuando y muy bien porque todos le creen a pesar de que, en realidad, es pura maldad. Acerca su cabeza calva a mi cara, me entierra la nariz en las mejillas y de un minuto a otro explota en llanto. Se aferra a mi, llora en mi pecho, me toca, me roza, me abraza y yo estoy al borde del vómito pero el miedo me paraliza. Toda su energía perversa me penetra, me supera y termina colmando mi cuerpo indefenso mientras el auditorio aplaude lo que parece ser el acto de magia más impresionante del mundo. Sus uñas se entierran en mis brazos y cuando toma aire para seguir llorando me mira extrañamente de reojo, aclarando que él tiene el mando de mi, él me posee completamente durante esa actuación.

Nuevamente se transforma y el cuervo ahora ríe y recibe la ovación de su impresionada audiencia. Vuelve al escenario y me deja solo, tirado como un disfraz sin dueño, un harapo, un cuerpo sin alma porque él la consumió toda. Así el demonio se repliega en su natal oscuridad y yo sigo inquieto, sin aire y sin poder despertar.

Abro los ojos, los párpados están pegados y estoy tan débil que no me puedo mover. Intento despegarme de la cama pero mis músculos no responden. igualándome a un tetrapléjico. Otra vez abro los ojos, párpados pegados, me pongo de pie pero no puedo caminar. Otra vez lo mismo y recién ahí me doy cuento de la “real”, o lo que a esta altura de la experiencia puede considerarse real, situación: estoy soñando que despierto. Cuando creo abrir los ojos en “realidad” mi cuerpo sigue inmóvil en la cama. Con esta simple pero fundamental revelación inicio la empresa de mi vida: intento despertar.

1 comentario:

Croma dijo...

Ni que hubiesemos nacido el mismo día..