(Cuarta entrega de un auténtico relato de terror. Al estimado lect@r
una advertencia: ¡cuídese! A usted también le podría ocurrir)
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Etapa IV
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Desayunan, peinan sus cabellos, se programan, todo sin importarles que estoy ahí, esperándolas. Todo es un mundo de actividades que me son negadas, pero que ellas realizan por mí. Todo se trata de salir al mundo, cosa que yo no puedo hacer. Sólo me queda esperarlas. De repente un espacio queda libre y lo aprovecho para contarles mis estados de sueño-vigilia trastocados, las pesadillas y el terror general que acabo de vivir.
Obviamente no hay reacción, o por lo menos no la que yo esperaba luego de tantos años estando juntos. Sigo hablándoles a mis queridas pero sordas convivientes, sigo compartiendo con ellas algo que no les importa y en ese momento miro cómo la noche le da espacio al día y el cielo comienza a tornarse azul, celeste, claro y la tristeza y la soledad son tan aplastantes que sólo queda lugar para el llanto, un llanto tan honesto y profundo que me ayuda a entenderlo todo. Esto también es un sueño y mientras creo que de mis ojos salen lágrimas mi cuerpo yace inmóvil en la cama.
Obviamente no hay reacción, o por lo menos no la que yo esperaba luego de tantos años estando juntos. Sigo hablándoles a mis queridas pero sordas convivientes, sigo compartiendo con ellas algo que no les importa y en ese momento miro cómo la noche le da espacio al día y el cielo comienza a tornarse azul, celeste, claro y la tristeza y la soledad son tan aplastantes que sólo queda lugar para el llanto, un llanto tan honesto y profundo que me ayuda a entenderlo todo. Esto también es un sueño y mientras creo que de mis ojos salen lágrimas mi cuerpo yace inmóvil en la cama.
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