Hace mucho tiempo no sentía miedo.
Tuve miedo cuando me tragué un cuesco de palta y justo antes de entrar
al pabellón me despedí de mis papás, de la mano, dramático y de película y
dije: chucha, en serio me puedo morir.
Tuve miedo cuando, después de un paseo en la playa, llegamos y afuera de
la casa estaba el auto negro de mi tío. Se bajaron y nos contaron que mi
abuela, la mamá de mi mamá, se había muerto. Tuve miedo de que mi mamá se
muriera con la noticia.
Hace poco tuve miedo cuando mi hermana me dijo que mi mamá había tenido
un accidente. Siempre he dicho, parece que de la boca para afuera no más, que
no sería tan terrible si mis papás se murieran. No es que me daría lo mismo,
pero podría seguir viviendo, normal. Pues esa tarde mi hermana me dijo "accidente" y
tuve que ir al baño de la oficina a llorar, del puro impacto. Era solo un
esguince pero realmente me imaginé a mi mamá muerta y me dio miedo.
Y ahora de nuevo tengo miedo. Tengo miedo a equivocarme con el Ale.
This is the thing. Llevo 26 años haciendo lo mismo. Las mismas
reacciones que tenía cuando niño, el mismo ego, los mismos errores, los mismos
bloqueos. O sea, es cierto, soy más grande, soy un hombre, mucho más consciente
y “preparado” para las crisis, pero weón! Juro que en el momento de la verdad,
sigo siendo el mismo mimado que tanto odio. Y eso me da mucho miedo.
A veces pienso en todo lo que esperé por alguien especial como el Ale y
se me sale solita una sonrisa, chistosa, agradecida, pero incrédula también.
Porque sé que no todo puede ser perfecto, y no quiero que sea perfecto, quiero
que cueste, porque lo bueno cuesta, pero no quiero arruinarlo por cuestiones
que se podrían evitar.
Hoy es domingo, llega él y soy feliz oliéndolo, tocándolo, sintiéndolo.
Luego llega la Nino
y también soy feliz, porque puedo compartir a mi pololo con mi amiga y
viceversa. Me abstraigo mientras conversan sobre Freud y algunas películas y no
puedo evitar decir, en voz alta, que soy muy feliz de que conversen. Es que
realmente soy feliz con eso. Será que me pongo al centro, de nuevo?
Posiblemente.
Pero justo en ese momento terminan hablando de los hijos. Y yo me
bloqueo, porque no quiero hablar eso así como así, es muy mucho muy importante
para mí. Y el Ale tan decidido, con un plan tan armado y yo ahí, bloqueado, sintiendo
que me ataca con su plan de vida, porque al mostrar ese plan muestra que no soy
parte de él, y me aleja y me violenta. Todo desde mi ego.
Solamente atino a decir “para mí los hijos son un tema tabú” y cambio la
música. Porque no puedo superar el hecho de que nunca he pensado tener hijos,
porque nunca he encontrado a alguien con quién valiese la pena pensarlo. Y
ahora? Acaso encontré al right one? Siento que sí. Y eso me da miedo. Seré
capaz de estar a la altura de las circunstancias? Porque estoy muy acostumbrado
a vivir esperando y ahora que estoy viviendo lo que tanto esperé, me siento
como un discapacitado.
Tengo miedo a gritar, a dañarlo. Tengo miedo de ser insuficiente para
él. Tengo miedo a perder el control, a arrepentirme, a perder esta oportunidad.
Tengo miedo a quedar inmóvil. Porque todo lo que él me da es movimiento, dejar
ir, sacudidas a mis estructuras. Por eso me gusta, porque me enfrenta a mis
vacíos y me obliga a bajar las defensas. Y yo crezco y, a la vez, me observo,
pero ya no solo desde mí, sino desde un nosotros. Y eso me da aún más miedo.
Tener un nosotros. Porque sí, nunca he tenido un “nosotros” con alguien y así
como me paraliza en cuestionamientos, me llena de felicidad y esperanza.
Ahora que el deseo de tener un “nosotros” con alguien es un hecho, tengo
miedo a perderlo. Y qué tanto? Lo digo, lo admito, lo asumo y luego de eso hago
algo para no perderlo. Y aquí estoy. Intentando y viviendo.
Porque siempre supe que esto pasaría.
Porque siempre supe que esto pasaría.
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