Un día me dijeron que ser gay era decepcionante. Yo creo que es la zorra

domingo, 13 de octubre de 2013

Quién dijo AWEONAOH!

Hace mucho tiempo no sentía miedo.
Tuve miedo cuando me tragué un cuesco de palta y justo antes de entrar al pabellón me despedí de mis papás, de la mano, dramático y de película y dije: chucha, en serio me puedo morir.

Tuve miedo cuando, después de un paseo en la playa, llegamos y afuera de la casa estaba el auto negro de mi tío. Se bajaron y nos contaron que mi abuela, la mamá de mi mamá, se había muerto. Tuve miedo de que mi mamá se muriera con la noticia.

Hace poco tuve miedo cuando mi hermana me dijo que mi mamá había tenido un accidente. Siempre he dicho, parece que de la boca para afuera no más, que no sería tan terrible si mis papás se murieran. No es que me daría lo mismo, pero podría seguir viviendo, normal. Pues esa tarde mi hermana me dijo "accidente" y tuve que ir al baño de la oficina a llorar, del puro impacto. Era solo un esguince pero realmente me imaginé a mi mamá muerta y me dio miedo.

Y ahora de nuevo tengo miedo. Tengo miedo a equivocarme con el Ale.

This is the thing. Llevo 26 años haciendo lo mismo. Las mismas reacciones que tenía cuando niño, el mismo ego, los mismos errores, los mismos bloqueos. O sea, es cierto, soy más grande, soy un hombre, mucho más consciente y “preparado” para las crisis, pero weón! Juro que en el momento de la verdad, sigo siendo el mismo mimado que tanto odio. Y eso me da mucho miedo.

A veces pienso en todo lo que esperé por alguien especial como el Ale y se me sale solita una sonrisa, chistosa, agradecida, pero incrédula también. Porque sé que no todo puede ser perfecto, y no quiero que sea perfecto, quiero que cueste, porque lo bueno cuesta, pero no quiero arruinarlo por cuestiones que se podrían evitar.

Hoy es domingo, llega él y soy feliz oliéndolo, tocándolo, sintiéndolo. Luego llega la Nino y también soy feliz, porque puedo compartir a mi pololo con mi amiga y viceversa. Me abstraigo mientras conversan sobre Freud y algunas películas y no puedo evitar decir, en voz alta, que soy muy feliz de que conversen. Es que realmente soy feliz con eso. Será que me pongo al centro, de nuevo? Posiblemente.

Pero justo en ese momento terminan hablando de los hijos. Y yo me bloqueo, porque no quiero hablar eso así como así, es muy mucho muy importante para mí. Y el Ale tan decidido, con un plan tan armado y yo ahí, bloqueado, sintiendo que me ataca con su plan de vida, porque al mostrar ese plan muestra que no soy parte de él, y me aleja y me violenta. Todo desde mi ego.

Solamente atino a decir “para mí los hijos son un tema tabú” y cambio la música. Porque no puedo superar el hecho de que nunca he pensado tener hijos, porque nunca he encontrado a alguien con quién valiese la pena pensarlo. Y ahora? Acaso encontré al right one? Siento que sí. Y eso me da miedo. Seré capaz de estar a la altura de las circunstancias? Porque estoy muy acostumbrado a vivir esperando y ahora que estoy viviendo lo que tanto esperé, me siento como un discapacitado.

Tengo miedo a gritar, a dañarlo. Tengo miedo de ser insuficiente para él. Tengo miedo a perder el control, a arrepentirme, a perder esta oportunidad. Tengo miedo a quedar inmóvil. Porque todo lo que él me da es movimiento, dejar ir, sacudidas a mis estructuras. Por eso me gusta, porque me enfrenta a mis vacíos y me obliga a bajar las defensas. Y yo crezco y, a la vez, me observo, pero ya no solo desde mí, sino desde un nosotros. Y eso me da aún más miedo. Tener un nosotros. Porque sí, nunca he tenido un “nosotros” con alguien y así como me paraliza en cuestionamientos, me llena de felicidad y esperanza.

Ahora que el deseo de tener un “nosotros” con alguien es un hecho, tengo miedo a perderlo. Y qué tanto? Lo digo, lo admito, lo asumo y luego de eso hago algo para no perderlo. Y aquí estoy. Intentando y viviendo.

Porque siempre supe que esto pasaría.

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